El carnaval de Los Tekis: de la primera peña para 200 a reunir 20.000 personas cada año

A Sebastián López, uno de los integrantes de Los Tekis, se le ilumina el rostro cuando se le pregunta por el carnaval. Los Tekis, esa banda de chicos que en los noventa fue parte de aquella camada de “folklore joven”, es hoy un grupo con más de tres décadas de carrera y un sello distintivo que jamás se desprende de algo medular, que es la música andina y el carnaval. En pocos días comenzará una nueva edición del gran festival que para el feriado de marzo proponen en la capital jujeña, con una grilla que, además de tenerlos como anfitriones y protagonistas, convoca a unas 20.000 personas por noche. Habrá artistas de las más variadas extracciones.

Este año alista a Los Auténticos Decadentes, Jorge Rojas, Emanero, Valentino Merlo, Q’ Lokura, Ángela Leiva, La Delio Valdez, Lázaro Caballero, La Beriso, Sergio Galleguillo, Migrantes, Christian Herrera, Los Manseros Santiagueños, Milena Warthon, Facundo Toro, Diableros Jujeños, Coroico, Mistura, Tunay, Los Melli, Angelo Aranda y DJ Treekoo.

Es un festival de música, como tantos de los que transcurren durante el verano. Pero, por sobre todas las cosas, es una tradición que pone en marcha lo demás. Una muchedumbre que baja del cerro y que desentierra al diablo, para carnavalear, hasta el próximo entierro, que será unos días después. Escrito así, puede sonar un poco “desangelado”, pero en el repertorio folklórico (desde la canónica “Zamba del carnaval” de Cuchi Leguizamón a las canciones de Los Tekis) se puede encontrar sus sentires. O en los recuerdos de changuito, que López trae a esta charla.

“Mi papa es de Maimará, un pueblito muy chiquito de la quebrada. Entonces, para la época de carnaval nos íbamos para allá . Hacíamos base en la casa de un amigo de mi papá, Miguel Angel Aparicio, un gran pintor. Yo soy el menor de cinco hermanos. Mis hermanos mayores, bastante mayores, se iban a Humahuaca a carnavalear y mi hermana y yo, que era el benjamín, nos quedábamos ahí. Era más familiar ahí. Y lo que recuerdo es que una vez que, teniendo siete años, mi hermana me había perdido y me buscó hasta que me vio en una calle, con una bandera, entalcado y bailando, con la comparsa atrás. Al ser mi padre maimareño, esa cultura la mamé muy fuerte. Es un ciclo agrícola. Todo empieza en agosto, con la celebración de La Pachamama. Es el mes que la Tierra está dispuesta a embarazarse, el mes cuando se siembra. Y en carnaval se celebra la cosecha.

–¿De tan cotidiano quizá no se le preste atención hasta que se toma distancia?

–Claro. Nosotros ya a los ocho o nueve andábamos tocando. Para los once estábamos en festivales chiquitos y a los 15 o 16 nos fuimos para Córdoba, después de la Consagración en Cosquín. Ahí empezamos a extrañar todo, La Pacha, la familia, el terruño.

–¿Y a los diablitos?

–El diablito es el personaje picaresco. Es el que se manda las macanas, por eso se dice “Me agarró el diablo”. Aquí o en Buenos Aires . Esto mucho tiene que ver con cosas familiares, pero generalmente y simbólicamente, ocurre el sábado a las seis de la tarde. La gente y las comparsas se reúnen en torno a un montículo de piedra conocido como mojón. Simbólicamente, después de chayar, bailar, cantar y coplear, comienzan a sonar las bombas y sale este personaje para hacer de las suyas durante un tiempo y luego enterrarlo, para que no moleste el resto del año. Se dice que todo está permitido en esos días. Cada uno tiene su metodología para hacerlo, siempre con respeto. Porque más allá de lo divertido y de lo colorido, no deja de ser el diablito.

–La creencia se termina imponiendo...

–Exactamente. Pueden aparecer las historias de mala suerte. Aparte de este diablito simbólico está la gente que se disfraza de diablo. Esos diablos usan unos trajes muy pesados, cambian la voz cuando hablan y tienen la cara tapada por la máscara. Son lo más atorrantes y divertidos, pero quizá, en otra época del año, son personas que vivían en el medio del cerro, muy introvertidas, tímidas que no bajaban nunca. Los trajes se quemaban cuando terminaba una generación de diablos. De chiquito, cuando bajaba esa tropilla de diablos quizá te daba un poco de miedo. Hoy todo ya cambió. Porque viene gente de todos lados, se hacen sus trajes con espejos y cascabeles. Y lo hacen con respeto. Nosotros somos diablos hace 16 años. En el 97 escribimos “Llegó el carnaval”, tema que habla de ese momento en el que, siendo changuitos, nos íbamos a dedo, para el Norte, a carnavalear. Porque la ciudad, realmente, quedaba desierta, vacía. Había invitaciones de familias en clubes, en algunos barrios, pero nada más. Los negocios cerraban. Todo el mundo se iba para la quebrada o para la yunga.

–Pero ustedes trajeron el gran carnaval a la capital.

–Antes comenzamos en Humahuaca.

–Con las peñas...

–Sí, La peña de Los Tekis. Vivíamos en Córdoba, siempre andábamos de gira en el verano, siempre en combi y lo poco que ganábamos era para terminar tomando un avión para llegar al menos el lunes a carnavalear a Jujuy. Entonces pensamos que teníamos que hacer algo nosotros. Componemos y cantamos para el carnaval, nos morimos por estar, pero no podemos llegar. Así fue que empezamos con una peña. Fue en el Hotel de Turismo, en el primer piso. Teníamos que subir todo, hasta las heladeras. Hacíamos todo. Nosotros y nuestras familias. Subíamos las heladeras, cortábamos los tickets, hacíamos de mozos. Era un lugar para 200 personas. Se corrió la bola, buscamos un lugar más grande, para 1000 personas. Después nos fuimos a Tilcara. Y la cosa no era solo ir a divertirse; comenzamos a llevar bandas de colegas, no solo de folklore, como La Bersuit o La Mancha de Rolando.

–¿Cómo fue el siguiente paso?

–Creció tanto que entró en la agenda de turismo nacional. Llegaba gente de otras provincias. Bajamos a San Salvador, hace unos ocho años, con una apuesta nueva. El primero fue en un local grande y ahora se hace en la Ciudad Cultural, donde hoy se hacen todos los grandes eventos. Hoy tenemos un festival de unas 20.000 personas por noche. Impensado cuando nos acordamos del comienzo en Humahuaca. Por suerte nos va bien y el carnaval está súper instalado. Está bien decir que, así como decía que antes se cerraban los negocios en época de carnaval, hoy esto genera un movimiento económico. Desde los locales hasta gente que alquila sus casas. Se hizo grande y todos se sumaron. Obviamente, en la yunga o en la quebrada sigue habiendo carnavales, que son alucinantes. El nuestro es uno más.

–Y hoy que convocan tanta gente en Jujuy, que es lo que se mantiene y lo que se pierde de esa tradición.

-No podíamos perder el por qué. El pretexto, que es carnavalear, no se pierde nunca. En esos años hicimos la canción “Comparsa no somos nada”, que se convirtió en un emblema. Bajamos con la comparsa No Somos Nada el sábado a la mañana y hacemos una invitación para las familias. Después, desenterramos el diablo y nos vestimos de diablo, como corresponde. Como no tenemos cerro cerca, hicimos una bajada gigante. Desde ahí bajamos unos trescientos diablos, hasta un mojón en medio de la gente, hasta que se hace el desentierro. Si no hacemos eso, el diablo se enoja. Hacemos la tradición y luego subimos a cantar. Incluso hay músicos de las bandas que vienen que quieren vivir la experiencia, no solo para dar su show porque tienen un contrato. La pasan bien. Hay rockeros que terminan cantando folklore y se quieren vestir de diablo.

–¿Y terminan llenos de talco?

–Y de serpentina y papel picado. Lo bueno del talco es que hace a todos iguales. Nadie tiene billetera ni profesión. En el carnaval somos todos iguales. Todos con serpentina y los solteros con albahaca colgada de la oreja. Todas esas tradiciones se mantienen.

–Para Los Tekis, carnaval es todo el año, porque lo llevan a sus espectáculos de cualquier escenario. Al festival de Cosquín o una sala de Buenos Aires.

–Porque es lo que somos. Somos folkloristas y amamos la música andina que es lo central de lo que hacemos. Después, nos aggiornamos, pero nunca perdimos el mensaje. Situaciones, historias, recuerdos, de carnaval y de la Pacha. No perdemos el ciclo agrícola. El carnaval está siempre, en todos lados. Es más fácil cuando sos genuino. Mirá en los noventa todo era chacarera y nosotros íbamos con los charanguitos, a cantar taquirari, carnavalitos, cuecas y sayas. Esa era la nuestra y creo que hoy la cuestión andina es mucho más fuerte.

–Como sigue el grupo, después del carnaval, con un integrante menos, si Juanjo da un paso al costado el mes que viene.

-Sí, pero puede volver al escenario cuando quiera porque siempre será un Tekis, lo mismo que Pipo . Tenemos una sorpresa para los próximos meses. Creo que la música te tiene que emocionar o dar sed.

-Así dan ganas de ir al próximo carnaval.

-Pero vas a tener que disfrazarte de diablo.



Fuente: https://www.lanacion.com.ar/espectaculos/musica/el-carnaval-de-los-tekis-de-la-primera-pena-para-200-personas-a-reunir-20000-personas-cada-ano-nid26022025/

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