Durante décadas, toda ventana venía con su correspondiente persiana. Y es que su función era indiscutible: regulaban la luz, protegían la privacidad y aportaban aislamiento térmico. Sin embargo, en los últimos años, su reinado parece estar en declive. ¿Estamos presenciando el ocaso de las persianas clásicas?
El avance de la tecnología y el diseño ha traído consigo alternativas más modernas, funcionales y estéticas que las viejas y queridas persianas. Una de las más revolucionarias son los vidrios inteligentes, que permiten oscurecer o aclarar las ventanas con solo apretar un botón. Esta tecnología, conocida como cristal electrocrómico, cambia de transparente a opaco mediante una corriente eléctrica, ofreciendo privacidad instantánea y eficiencia energética. Estos vidrios ya se utilizan en oficinas, hospitales, aviones y viviendas inteligentes, integrándose con sistemas domóticos para regular la luz y la temperatura según la hora del día o el clima.
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Aunque las cortinas no han desaparecido, su evolución es notable. Los textiles de última generación —como visillos metalizados, acabados plisados o efectos ombré— aportan textura y sofisticación. Los colores de moda, como el verde salvia o el azul hielo, se combinan con diseños minimalistas para crear ambientes cálidos y envolventes.
Otro competidor de las persianas son los paneles móviles, que pueden ser correderos o pivotantes, fabricados en madera o metal. Estos permiten bloquear o dejar pasar la luz según las necesidades del momento, sin ocupar espacio ni requerir mantenimiento complejo. Pero, más allá de las distintas tecnologías que pueden reemplazar a las persianas, otra razón por la cual muchos de los nuevos departamentos no cuentan con ellas es que simplemente los desarrolladores optan por “economizar” y no instalarlas, dejando a criterio de cada usuario elegir el sistema de privacidad preferido.
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En ciudades donde la densidad poblacional y la cercanía entre edificios condicionan la entrada de luz natural, quienes sí deciden invertir en soluciones modernas lo que suelen buscar es optimizar cada centímetro de fachada. Las persianas tradicionales, que requieren espacio para enrollarse o plegarse, muchas veces ceden entonces su lugar a sistemas más compactos y automatizados. Los nuevos desarrollos inmobiliarios tienden a priorizan la estética limpia y continua de los frentes, lo que lleva a integrar tecnologías invisibles o embutidas en el diseño arquitectónico.
La elección de cómo cubrir una ventana ya no se limita a gustos personales: hoy implica considerar el consumo energético, el confort térmico, la automatización del hogar y la estética general del espacio. Las soluciones actuales permiten programar la apertura o cierre de cortinas según la hora del día, la temperatura ambiente o incluso el nivel de radiación solar, contribuyendo a reducir el uso de aire acondicionado y calefacción.
Así, las persianas tradicionales no desaparecen por completo, pero se ven cada vez más desplazadas por sistemas que combinan diseño, tecnología y sostenibilidad. En este nuevo escenario, la ventana deja de ser un simple hueco en la pared para convertirse en un componente activo del confort, la estética y la eficiencia del hogar.