Un ajedrez inesperado en la lucha por el poder

La lucha por el poder está jugando un ajedrez inesperado. El destino de dirigentes que han sido decisivos en los últimos lustros quedó expuesto al destino de dos duelos que, en tiempos más convencionales, carecerían de importancia. Las elecciones para la Legislatura bonaerense y para la Legislatura porteña. En estas contiendas se decide el lugar que ocuparán de ahora en más en el tablero Cristina Kirchner y Mauricio Macri. Se decide también algo más general: el nivel de inestabilidad que pude afectar a los gobiernos de Axel Kicillof y Jorge Macri. La peripecia de la Nación comienza a estar muy determinada por la escala provincial.

Kicillof debe resolver en las próximas horas el calendario electoral de su distrito. En particular, si los comicios bonaerenses se celebrarán en la misma fecha que los nacionales. Si los adelanta, habrá cruzado el Rubicón. El kirchnerismo ya le avisó que esa medida es una declaración de guerra. Lo hizo a través de un proyecto de ley impulsado por la senadora María Teresa García, que propone que las dos elecciones sean concurrentes. En los fundamentos de esa iniciativa se aclara que, si dispone lo contrario, el gobernador estará demostrando que sólo le interesa su situación personal. Y que manipula las reglas de juego igual que Javier Milei. Es difícil imaginar una comparación más peyorativa para Kicillof.

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Hasta julio del año pasado, la señora de Kirchner tenía previsto impulsar a su antiguo ministro de Economía para la Presidencia. Pero a él le pareció poco. Quería ser un candidato independiente. O, para utilizar la unidad de medida habitual en estos casos, no quería ser “un Alberto Fernández”. Así imaginó un desdoblamiento electoral que le permitiría dejar claro su liderazgo sobre la provincia de Buenos Aires.

La expresidenta entendió esa estrategia como un desafío. Y se dispuso a contestarlo. Si Kicillof cumple su amenaza, ella competirá como candidata a diputada provincial por la tercera sección electoral. Es decir: irá a buscar al gobernador al terreno en el que él pensaba fortalecerse.

No es indiferente que ella haya elegido la tercera sección, ubicada en el sur del conurbano. Allí están radicados los principales soportes territoriales de Kicillof: Jorge Ferraresi, de Avellaneda, y Mario Secco, de Ensenada. Es natural, entonces, que Cristina Kirchner quiera derrotar a esos dos intendentes. Sobre todo a Ferraresi, a quien ella había halagado con la vicepresidencia del Instituto Patria. Por otra parte, la región que eligió para postularse es la más popular del Gran Buenos Aires. Donde consigue “idolátrico amor en el gauchaje”, como dijo Borges sobre Rosas.

La expresidenta se propone elaborar las listas de todas las secciones, en combinación con Sergio Massa y su Frente Renovador. Tiene la ventaja de controlar el PJ, que preside su hijo, Máximo. Kicillof y los intendentes que lo apoyan deberían ir con su propio sello por fuera de la estructura partidaria. El plan es competir en las ocho circunscripciones de la provincia, ganarlas, y a partir de allí reconstruir el peronismo. Hay que enfatizar el verbo “reconstruir”. Porque lo que está ocurriendo hoy en la provincia de Buenos Aires es la fractura del sujeto político más importante del último cuarto de siglo. El PJ bonaerense que, arraigado en el conurbano, dio su poder a los Kirchner.

En la grieta que se abriría con ese choque entre la expresidenta y su discípulo puede germinar otra variante justicialista. Una tercera opción encabezada por Joaquín de la Torre, desde San Miguel, y Julio Zamora, desde Tigre, que daría un vehículo electoral a intendentes que no comulgan con Cristina Kirchner, con Kicillof, ni con La Libertad Avanza. Si se retira un poco la lupa de estas querellas coyunturales, se confirma un rasgo cada vez más inquietante de la vida pública de estos días: una tendencia incesante a la fragmentación. Las consecuencias del proceso son todavía misteriosas. Pero puede llevar a que muchos intendentes pierdan la mayoría de la que disfrutan en los concejos deliberantes. Y a que fuerzas que todavía no maduraron, como La Libertad Avanza, mejoren sus chances en algunas comunas. Aquí se vuelve más relevante si Milei y Macri se entienden o si se enemistan.

En la disputa que se está esbozando se decide también si la candidatura presidencial de Kicillof logra sobrevivir. O si sucumbe en homenaje a un proyecto que, o es autónomo respecto de los Kirchner, o no merece ser. El principal interesado en esa incógnita es Massa, que espera relanzar su sueño de llegar a la Casa Rosada sobre las cenizas del de Kicillof. Massa quiere que en octubre la expresidenta, vencedora, lo apoye como primer candidato a diputado nacional.

Si las listas de Kicillof consiguen la mayoría, la noticia sería histórica: Cristina Kirchner ingresaría, por la puerta de una candidatura secundaria, al eclipse que tantas veces profetizaron, en vano, sus detractores. Pero si el gobernador resulta derrotado, se instalará un interrogante al que no debería ser indiferente el resto del país: ¿qué consistencia tendría en adelante la gobernabilidad bonaerense? Con un kirchnerismo prescindente, Kicillof no logró hasta ahora que la Legislatura le apruebe el presupuesto y autorice su endeudamiento. Con ese mismo kirchnerismo en son de guerra, y su jefa sentada en una banca en su ciudad natal, ¿hasta dónde llegaría el conflicto? Lo más grave de ese enigma es que puede permanecer abierto mucho tiempo.

Tal vez no haya que esperar al resultado de las urnas para que esos acertijos empiecen a emerger. ¿El gabinete de Kicillof seguirá siendo el mismo en medio de la contienda? ¿O los ministros ligados a la señora de Kirchner presentarán su renuncia?

La representación de este drama bonaerense se despliega sobre el telón de fondo de los movimientos judiciales. Hoy se podría decidir en el Senado si el controvertido Ariel Lijo y Manuel García-Mansilla reciben el acuerdo como jueces de la Corte. El gobierno nacional está interesado en que García-Mansilla permanezca en el tribunal en comisión y por eso hasta ayer intentaba, con éxito dudoso, obstruir la formación del quorum. Mientras se movían las piezas en la Cámara alta, trascendieron en Clarín declaraciones atribuidas a Ricardo Lorenzetti, en las que el juez adelantaba que pediría hoy a sus colegas acelerar una definición sobre la situación de Cristina Kirchner. El lunes pasado ella se dirigió en queja a la Corte para cuestionar el fallo en el que la Cámara de Casación Penal ratificó la sentencia del tribunal oral que, además de condenarla, la inhabilitó para ejercer cargos públicos. Quiere decir que Lorenzetti insinuó, en esas manifestaciones off the record, que el tribunal supremo podría dejar a la expresidenta fuera de la carrera electoral.

Como Lorenzetti es el padrino de la candidatura de Lijo, en el círculo más estrecho de Cristina Kirchner se interpretó ese trascendido como un intento de condicionar lo que se votará hoy en el Senado. Imposible saber si esa fue la intención del magistrado. Además, desde la Corte aclararon que el tribunal no alterará sus ritmos tradicionales para tratar los casos que se someten a su consideración. Lo que sí está claro es que, desde ayer, la expresidenta se empecinó más en cortarle el camino a Lijo quien, por otra parte, tiene un conflicto antiguo con Máximo Kirchner.

Los expedientes judiciales se están transformando cada vez más en armas arrojadizas de las disputas de poder. En estos días reapareció el otrora polémico juez Guillermo Tiscornia, denunciando a Horacio Rosatti, Carlos Rosenkrantz y Juan Carlos Maqueda por la administración de la obra social judicial. Tiscornia se basa en pronunciamientos en los que Lorenzetti disintió con sus tres colegas. La causa fue asignada por sorteo a la jueza Eugenia Capuchetti. Pero otro funcionario escandaloso, el fiscal Ramiro González, célebre por su opulenta fiesta de cumpleaños, reclamó que el caso pase a manos de Lijo, que ya investiga otra denuncia por las mismas disidencias de Lorenzetti. Más allá de la combinación, que hay que presumir azarosa, Lorenzetti-Lijo, en relación con la Corte, hay un detalle muy llamativo: el fiscal González tiene en la Oficina de Violencia Doméstica del máximo tribunal un expediente abierto a raíz de una denuncia de sus hijas por acoso sexual.

La peripecia judicial de Cristina Kirchner cobra vigencia en estos días no sólo por la condena en la causa de la obra pública santacruceña. También hay una controversia alrededor de una investigación en la que ella es víctima: la del intento de asesinato por parte del “copito” Fernando Sabag Montiel. La jueza Capuchetti retomó la investigación, desplazando al fiscal Carlos Rívolo. Apenas lo hizo, Capuchetti dispuso medidas que obligan a funcionarios de la Policía Federal a dar explicaciones por algunas desidias muy sospechosas en el esclarecimiento de aquel crimen. Todo gira alrededor de la pésima custodia que tuvo aquella tarde la expresidenta; el destino del celular de Sabag, que fue “incautado” por militantes de La Cámpora; la negligencia, que podría ser deliberada, en capturar a Brenda Uliarte, cómplice e instigadora del atacante; la baja calificación del perito que investigó aquel teléfono; y la inutilización del aparato por parte de la Policía de Seguridad Aeroportuaria.

La jueza también es motivo de denuncias. Le atribuyen haber manipulado ese móvil, en custodia en la caja fuerte de su juzgado. Uno de los declarantes que se hizo cargo esa versión es Juan Martín Mena, ministro de Justicia bonaerense y colaborador principal de la expresidenta en cuestiones tribunalicias. Capuchetti formuló a Mena una denuncia por falso testimonio, que duerme en el despacho de Lijo. ¿Otra prenda de negociación de ese magistrado con el kirchnerismo para condicionar el voto en el Senado? Si esa fue la intención de Lijo, hasta ahora tuvo efecto cero. En cuanto a Capuchetti, ayer en Comodoro Py se comentaba que sus custodios estaban siendo presionados para que declaren en su contra. El destino es imprevisible: Capuchetti, hija de un viejo comisario de la Federal, tiene en jaque a esa institución. Más curiosidades: el destino del teléfono forma parte de una causa que sigue María Servini de Cubría. Y el destino de Servini de Cubría depende de una causa por delitos de lesa humanidad, en la que está acusada de entregar bebés a los represores en tiempos de la dictadura. La investiga Capuchetti. El fiscal es también el juerguista González, quien se declara admirador de Servini, la imputada.

Así como en la provincia de Buenos Aires se dirime la trayectoria de Cristina Kirchner, en la Capital se libra la de Mauricio Macri. Su primo, Jorge, adelantó la elección, como podría hacer Kicillof en estas horas. Pero, a diferencia del gobernador, el impulso del alcalde fue defensivo: un intento de sustraer la política local a la embestida de Javier Milei sobre Pro. Jorge Macri no previó que, recortándolo, nacionalizaría este torneo.

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La división de cada fuerza política es más aguda en el paisaje porteño que en el bonaerense. El viejo Cambiemos está desgajado en innumerables piezas: Pro, La Libertad Avanza, que contiene a Patricia Bullrich; la secesión libertaria de Ramiro Marra; la de Yamil Santoro; el larretismo; la UCR; la Coalición Cívica de Paula Oliveto; y el MID, legendario partido de cuadros que postula a Caruso Lombardi. En este panorama astillado saca ventaja el PJ, liderado por Juan Manuel Olmos, quien se postuló en el undécimo lugar de la lista de legisladores que encabeza Leandro Santoro. Es una señal de optimismo y también una amenaza. Si Olmos consigue entrar a la Legislatura quiere decir que los Macri podrían perder la presidencia del cuerpo. La pregunta por la estabilidad del jefe de Gobierno asoma con igual e inclusive más fuerza que en la provincia.

En este contexto de fragilidad, cobra una relevancia deplorable la conferencia de prensa preventiva de la lista de Pro, que reclama una campaña limpia. En la clase política metropolitana no hay quien no sepa que se trata de una advertencia para el gobierno nacional, que anteayer adquirió un documento muy agresivo para Jorge Macri. Fiel a su estilo, el comando libertario adelantó la amenaza con un tuit de Gordo Dan. La decadencia política que condujo a Milei hasta el poder parece acelerarse, ahora con el impulso de Milei.



Fuente: https://www.lanacion.com.ar/politica/un-ajedrez-inesperado-en-la-lucha-por-el-poder-nid02042025/

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