ROMA.- Al cumplirse este miércoles el vigésimo aniversario de la muerte de san Juan Pablo II (1978-2005), el Vaticano le rindió un sentido homenaje, marcado por la ausencia del papa Francisco, que se encuentra en proceso de convalecencia.
El cardenal Pietro Parolin, su número dos y secretario de Estado -considerado por la prensa italiana uno de los candidatos papables más fuertes-, presidió una misa en la Basílica de San Pedro, en la que se recordó al extraordinario pontífice polaco y se rezó, además, por la recuperación de Jorge Bergoglio.
En una ceremonia solemne a la que asistió en primera fila la primera ministra, Giorgia Meloni, vestida de blanco, y también cardenales, obispos, miembros del cuerpo diplomático y miles de fieles, entre ellos muchos polacos.
El primero en tomar la palabra fue el cardenal polaco Estanislao Dziwisz, que fue durante casi 40 años secretario privado de Karol Wojtyla, el papa venido del este que “volvió a la casa del padre” a las 21.37 del 2 de abril de 2005, como anunció entonces a una multitud que rezaba en la Plaza de San Pedro el arzobispo argentino Leonardo Sandri, que era sustituto de la Secretaría de Estado y se había vuelto en los últimos meses de agonía en “la voz” del Papa.
De 85 años y arzobispo emérito de Cracovia, al margen de agradecer a Parolin por haber aceptado presidir una misa en su recuerdo, también agradeció a los demás presentes y pidió especialmente por la recuperación del papa Francisco.
“Nuestro corazón abraza al Santo Padre Francisco, que sabemos que en este momento se une espiritualmente a nosotros. Rezamos por su salud, para que el Señor le de la fuerza necesaria para guiar a la Iglesia peregrina en este año jubilar y en estos tiempos difíciles para la Iglesia y el mundo”, imploró.
Dziwisz reveló en declaraciones al Tg1, el noticiero de la RAI, que durante su internación de 38 días en el hospital Gemelli le mandó al papa Francisco una reliquia de la sangre de Juan Pablo II. Y aseguró que “empezó a estar mejor”.
“Yo creo en esto porque he tenido muchos ejemplos de milagros”, dijo.
El papa Francisco canonizó a Juan Pablo II el 27 de abril de 2014, cuando también proclamó santo a Juan XXIII (1958-1963) para destacar el buen ejemplo de dos papas “grandes” dentro de la Iglesia.
En declaraciones efectuadas durante la internación del papa Francisco -que en dos oportunidades estuvo en riesgo de muerte-, el cardenal Dziwisz, que nunca digirió la renuncia de Benedicto XVI, se mostró convencido de que su sucesor no seguirá ese ejemplo. “Queremos creer que no se rendirá nunca: como Wojtyla, también Bergoglio sabe que la cruz de Cristo no debe ser nunca abandonada y que todo está en manos del Señor. Y nos lo está demostrando con una maravillosa fuerza e inagotable voluntad de servicio. No podemos hacer otra cosa que agradecérselo porque no sólo la Iglesia, sino todo el mundo necesita de él”, dijo.
SermónEn su sermón, el cardenal Parolin recordó las conmovedoras últimas semanas de Juan Pablo II, que en la Semana Santa de 2005 no pudo presidir el tradicional Vía Crucis en el Coliseo, que siguió “abrazado a la cruz”, en su capilla del Palacio Apostólico”, como miles de personas pudieron ver a través de imágenes transmitidas desde allí.
Mientras aún no se sabe si el papa Francisco podrá estar presente en la próxima Semana Santa, que comienza el 13 de abril y culmina el 20, ya que todo depende de cómo evolucionan las cosas en estos días, Parolin también evocó “la aparición de Juan Pablo II para una bendición pascual sin palabras”, ya que, debido a una traqueotomía, ya no podía hablar.
¿Pasará lo mismo con Francisco? Según hicieron saber en la víspera desde la Sala de Prensa del Vaticano, en realidad el Pontífice, con problemas de habla debido a un uso intenso de oxigenación de altos flujos durante el hospital, gracias a la fisioterapia respiratoria que hace cotidianamente, lentamente está recuperando el uso de la voz.
El cardenal Parolin recordó asimismo el “flujo incontenible, inimaginable” de multitudes de personas que vinieron a Roma para despedirse del papa polaco después de su muerte, el 2 de abril de 2005. Elogió, por otro lado, la “total transparencia ante los ojos de Dios” que tuvo Karol Wojtyla durante su vida, que consideró “uno de los fundamentos del extraordinario coraje y testimonio de fe” que dio.
“Nunca buscó gustarles a los hombres, sino a Dios. Vivió solo antes sus ojos”, aseguró, al subrayar por otro lado que siempre consideró que “la divina providencia lo salvó de la muerte”, durante el atentado sufrido en la Plaza de San Pedro el 14 de mayo de 1981.
El cardenal Parolin subrayó asimismo que Juan Pablo II introdujo a la Iglesia Católica en el tercer milenio y que en los 26 años de su “inmenso pontificado”, a través de centenares de viajes, fue “un peregrino incansable hasta los confines de la tierra para llevar el Evangelio de Jesús”.
“No podemos olvidar la invitación de Juan Pablo II al final del Jubileo del año 2000 a remar mar adentro, ¡duc in altum!. Sus palabras continúan a inspirarnos y le hacen eco a las de su sucesor, el papa Francisco, en este Jubileo”, aseguró.
También evocó la primera e “inolvidable” homilía de Juan Pablo II en la misa de inauguración de su pontificado, cuando invitó a todos a “no tener miedo y a abrirle de par en par las puertas a Cristo”. En este marco, destacó esa determinación con la que “podía dirigirse con autoridad y firmeza no sólo a los fieles católicos, sino también a los pueblos y a los gobernantes, para que fueran conscientes de su responsabilidad en la defensa de la justicia, de la dignidad de las personas humanas y de la paz”.
Y resaltó, finalmente, su “servicio por la paz”.
“Recordamos con gratitud y admiración su incansable servicio por la paz, sus llamamientos apasionados, las iniciativas diplomáticas para buscar hasta lo último evitar las guerras. Y esto, hasta los momentos extremos de su vida y pese a que muchos de sus llamamientos lamentablemente no eran escuchados, como sucede con los grandes profetas”, concluyó.
Durante las intenciones, se rezó por la salud del papa Francisco. Terminada la misa, los cardenales fueron en procesión hasta la tumba de Juan Pablo II, que se encuentra en la nave derecha de la Basílica, donde el cardenal Dziwisz prendió una vela.