Es Argentina, por eso siempre puede haber un cambio de planes. El concierto de Axel en el Gran Rex previsto para el 10 de abril se reagendó para el 7 de mayo. El cantante y su productora decidieron la postergación porque el paro general programado para ese día podría afectar el transporte y complicar la llegada del público. Y el hecho de que no se eligiera una fecha más cercana responde a dos motivos: el teatro tiene muchos espectáculos programados y el cantante también tiene una actividad intensa, con una buena cantidad de conciertos por mes. Axel habla, cuenta y se lo escucha pletórico, como si desde el lanzamiento de su último álbum y el inicio, en 2024, de una gira con la que celebra 25 años de carrera, hubiera vuelto al suceso de su juventud.
Lo cierto es que entre su álbum Ser (2017) y el último, Vuelve (2025), pasaron cosas. Siete años sin publicar disco. Recibió una denuncia por abuso y si bien la justicia no encontró motivos para un procesamiento, eso afectó tanto su vida personal como laboral. La pandemia, como a la mayoría de los músicos, lo dejó mucho tiempo sin trabajar sobre los escenarios; su divorcio de Delfina Lauría, luego de 16 años de matrimonio, también lo afectó.
Desde el último año su vida tomó nuevo impulso. “Hubo una linda recepción del nuevo disco y eso mezclado con la celebración de los 25 años de carrera. La gente sabe que viene a ver un concierto donde los nueve discos están sobre el escenario y va a escuchar, seguramente, alguna canción que la atravesó. Es muy variado, tiene muchas emociones. Realmente estamos muy bien. Venimos de cantar en Chaco y Corrientes, la anterior semana fuimos a Mar del Plata y Comodoro Rivadavia. La que viene a Chile y Junín. Estamos en un gran momento, de vuelta. De muchos conciertos, de muy buena respuesta de la gente.
–Viste que los periodistas a veces jugamos un poco al “psicólogo”. Recién dijiste: “De vuelta”.
–Y sí, ¿sabés hace cuánto no tengo 8 o 10 conciertos en un mes? Creo que en 2018 fue la última gira que hicimos. Después vino la pandemia... todo. Nunca se acomodó del todo bien y yo no había sacado disco. Y un disco, obviamente, te invita y te impulsa a estar dos años girando.
–¿Se celebran 25 años de carrera y se renace o se da vuelta de página?
–Yo creo que se celebra mucho más de lo que se renace. Un disco nuevo después de 7 años y pico, obviamente que merece una celebración, merece objetivos nuevos, nuevos mercados.
–¿Qué tan catártico es este disco? Hay canciones como “El motivo” que parecen un inventario personal.
–Es un disco muy liberador. Uno, con el paso del tiempo y el camino de vida, y hablo desde lo personal, va tomando más confianza en sí mismo. Reafirma el amor propio. Te conocés mucho más. No sé si sabés al cien por ciento lo que querés pero si sabés lo que no querés. Podés decir: “Esto ya no lo quiero”. Creo que ha sido un disco donde me permití desnudarme más. Al principio, yo contaba mis historias, siempre fui cantautor y conté mis historias, pero eran por ahí más historias de amor, algunas más idealistas. No quiero decir inmaduro, pero más correspondientes con la edad que tenía. Hace 25 años eran canciones adolescentes y hoy son canciones más de una persona madura, con otras vivencias, con otro pesar sobre la espalda, con la mochila llena de cosas.
–Por otra parte, tu vida privada es bastante pública.
–Hoy por las redes sociales todo se sabe. Es difícil... “hermetizarse” un poco. Además, la televisión. Hice Elegidos (La música en tus manos); hice La Voz Argentina, un par de temporadas. También hice La Voz en Colombia y en Ecuador. Entonces, inevitablemente, no puedo aspirar a que algo que pase en mi vida privada no se sepa. En algún momento se saben las cosas y tenés que lidiar con eso y tanto yo como mi entorno, que eso es más difícil porque de última yo elijo este camino. Entonces yo sé a lo que me expongo y me la bancaré. Pero para mi familia o amigos, fumarse a veces las cosas sin haberlo elegido es incómodo.
–¿Qué tendrías que haber hecho de otro modo?
–Por supuesto que con la madurez de hoy y con el diario del lunes en la mano voy a decir, acá podría haber actuado diferente, podría no haber sido tan ingenuo o podría haber sido más pacífico. Pero también digo, si cambio algo de ese pasado y las decisiones que tomé, cambiaría el presente que hoy me tiene feliz y contento y en paz. Son procesos de vida, decisiones, cosas que van pasando, que a todos nos toca vivir. Porque las cosas más difíciles que me han pasado son las que más me han hecho crecer. Lo más duro que me ha tocado vivir me ha hecho lo resiliente que soy. Los golpes duros me han hecho crecer muchísimo.
–¿Cuál fue el más duro?
–Hubo muchas cosas. En algunas relaciones comerciales fui un poco ingenuo; el tema de la denuncia, luego la separación. Y la muerte de mi mamá, hace 10 años. Cuando murió mi mamá, por una negligencia médica, para mí fue terrible. Y antes de todo eso, la violencia doméstica que hubo en mi casa, en la paterna, hasta mis 20 años. Eso me ha hecho crecer mucho. Me ha hecho saber elegir, cuando algo no lo quise más. El haber estado un año en silla de ruedas a mis 14 años y que mi primera noviecita me dejara al verme así.
–¿Fue por una infección?
–Sí. Una osteomielitis en la rodilla derecha que me tuvo un año en silla de ruedas. Me atendieron en el Hospital Garrahan durante 6 años. Casi pierdo la pierna. ¿Viste Adolescencia en Netflix?
–No la vi.
–Está buena, te la recomiendo. Yo me vi muy reflejado en mi adolescencia, en mis 14 años. En cómo afectan las cosas del afuera a un adolescente golpeado, a un adolescente con problemas de conducta y estás con tu primera noviecita que te deja. Son golpes que parecen tontos, pero en ese momento eran lo peor que te podía pasar.
–Después hay que trabajarlos en terapia.
–Claro que sí. Sí, llevo mucha, no solo las de la psicología tradicional. También tuve un buen entorno. El grupo de amigos también es determinante en la vida de una persona.
–¿Sentís que el público idealiza al que está sobre el escenario?
–Vivimos haciendo juicios y prejuicios. Uno ve una comida y quizá por el color, por la forma, por la textura que ni tocaste, ya hacés un juicio y lo mandás al paladar. Entonces, es normal que la gente se haga una idea. Me acuerdo que, una vez, estaba con mi sobrino más grande en la cola de un restaurante de comidas rápidas. Iba a comprar unas papas fritas, así, de pasada, y él me sale con algún capricho. “Boludo, no me hinches los huevos” o algo así le dije. Fue riéndonos. Pero la cajera me preguntó si era Axel y me dijo: “No pensé que decías malas palabras”. Bueno, eso es parte de esto y aprendés a convivir con eso, con que la gente hace una imagen. A favor de las redes sociales hay que decir que han acercado más la cotidianidad de una persona pública. Te humanizan.
–¿Canciones como “Celebra la vida” te impusieron condiciones?
–No porque veníamos de tener éxitos más fuertes que “Celebra la vida”. Esa sensación la generó “Amo”, mi primer gran éxito. ¿Cómo hago otro “Amo” ahora? Era mucho más chico. Fue hace 21 años. El productor Ale Vázquez, que trabajo con bandas como Bersuit, Carajo o A.N.I.M.A.L. me dijo que haría un montón de canciones que no serían “Amo” pero que iban a funcionar igual. Después vinieron “Celebra la vida” o “Te voy a amar”, que fue más grande en todos lados. Tiene casi 500 millones de views en YouTube. ¿Busca una balada en español de un solo músico, no un feat de dos o tres artistas, con 500 millones de views? No hay. Entonces: siempre hubo una presión, pero yo me he descubierto que, en muchas áreas de mi vida, bajo presión funciono mejor. Me gusta que me generen presión porque ahí sale lo mejor de mí. Si no yo me relajo. Aunque una profesora de canto que yo tenía, Susana Rossi -mía y de una parva de artistas de la Argentina- me decía: “Axel, que tus dones no sean tus trampas”. Porque yo tengo mucha facilidad para la música, entonces no componía nada y cuando llegaba el momento de hacer un disco para el mes que viene hacía dos canciones por día. Ella me decía: “¿Por qué no hacías todo el año un poquito y llegabas al disco con 30?″.
–¿Seguís viviendo en Traslasierra, Córdoba? ¿Cómo se lleva eso con estar de gira?
–Sí, yo vivo donde están mis hijos. Manejo mucho, tomo aviones también, a veces aviones privados. Si tengo un día libre me voy para allá a ver a mis hijos. Aunque en estos días hablamos todos los días, pero hace diez que no los veo.
–Hay músicas que son de “tribus”. Las del rock, del folklore, del tango, de la música tropical. En cambio, el mundo del pop, el de baladas, no las tiene. ¿Cómo es esa vida dentro del mundo musical que no tiene pertenencias?
–Es cierto. Cuando yo arranqué tocando en bares, tenía 14 años. Y siempre decía esto: si fuera de una bandita de rock de barrio, seríamos cuatro para llevar los equipos, más el grupo de amigos. Cuando sos cantautor llevás todo solo o, a lo sumo, con un amigo que te hace la gamba. La ventaja es que las decisiones son solo tuyas. Pero es cierto que uno anda más solo, incluso golpeando puertas, con la guitarra al hombro. Y al momento de la guitarreada, me muevo de mi lugar de confort, toco folklore, toco rock, toco otras cosas.