FUENTES DEL COYLE, Santa Cruz.- A Mariano Ilarragorri y su esposa, Cintia Alvado, el corazón se les estrujaba de dolor cada vez que los pastos crujían secos bajo sus pies y no encontraban cómo salir del laberinto de años de sequías. Hoy, con la estancia La Tapera, el campo de la familia Ilarragorri que ellos alquilan y administran, lograron dar un volantazo: son pioneros en un programa de preventa de créditos de carbono, ya recibieron los primeros fondos que les permitió rediseñar su campo con una ganadería regenerativa ovina y cuentan cómo se animaron al desafío de aprender a mirar el campo de otra manera.
“Teníamos un campo que cuidamos toda la vida y de golpe por situaciones que no podíamos manejar, como las climáticas, veíamos que se venía cayendo en su producción, necesitábamos hacer algo distinto que nos permita mitigar el cambio climático”, detalló Ilarragorri a LA NACION en un alto del evento Regenera Santa Cruz, que convocó a cerca de un centenar de productores del sur de la provincia, estudiantes universitarios y hasta la ONG Ambiente Sur que promueve reunir a los ambientalistas con la gente del campo.
Durante el evento se presentó el Programa de Carbono POA, una alianza entre Ovis 21, Ruuts y Native Energy INC que promueve que los productores patagónicos puedan recibir fondos por capturar carbono en sus suelos. ¿Cómo lo logran? El programa financia asistencia técnica, monitoreo ambiental y el desarrollo de infraestructura en los campos a través de la venta anticipada de créditos de carbono que les permita avanzar en la regeneración de tierras en la Patagonia.
La estancia La Tapera queda en el km 455 de la ruta nacional 40 con un promedio histórico de precipitaciones de 200 mm, una superficie de más de 22.000 hectáreas, de las cuales 427 hectáreas son de vega con alto poder productivo. Sin embargo, tres años consecutivos con precipitaciones de 60 mm los obligó a bajar en un 40% la receptividad del campo; en números significó reducir más de 1000 animales de carga.
Mariano, con 19 años, se hizo cargo del campo de la familia en 2002 cuando falleció su padre y junto a su madre implementaron algunos cambios que implicó la esquila preparto, la revisación clínica de los carneros, el sangrado brucelosis, la clasificación de borregas y la inseminación artificial. Ya para 2016, año en que falleció su madre, junto a Cintia empezaron a ver plantear un manejo estratégico del campo con una mirada sistémica. Sin embargo, pese a los esfuerzos la realidad los superó. Entre 2021 y 2023 sufrieron sequías consecutivas, reducción de producción forrajera, debieron disminuir la carga del campo y eso llevó a una considerable baja en la facturación.
“Estábamos ya sin herramientas, todas las acciones que conocíamos que podíamos llevar adelante no estaban dando resultados, requería de una inversión económica que no teníamos, y de mucho laburo, no podíamos, cuando se nos presentó aplicar al POA; a esto lo vimos como una oportunidad”, detalló Cintia, quien es profesora de educación física y también coach ontológica. Para ella también en el campo hay que gestionar las emociones, “la ansiedad, la frustración, el miedo, a perder el campo, a endeudarnos, son situaciones que entran en juego y que también hubo que aprender que gestionar”.
Mariano contó que al principio les parecía un poco insólito “eso de recibir dinero sin que tuviéramos que sacar ni un cordero ni un fardo de lana del campo”. Para poder aplicar y desarrollar una estrategia tuvieron la asistencia del Nodo Santa Cruz de Ovis 21, que hace años llevan adelante el veterinario Pablo Sturzenbaum y la ingeniera Paola Imberti, quienes a través de la ganadería regenerativa y nuevas herramientas de planificación han logrado mejorar campos que ahora podrán aplicar a los créditos de carbono.
La preventa de los créditos genera una herramienta financiera que se destina a mejorar la infraestructura del campo, básicamente en subdivisiones, aprotreramiento y una red de suministro de agua acorde a esta nueva infraestructura. De esta forma se puede salir del histórico manejo de pastoreo continuo a un pastoreo con una rotación planificada con el objetivo de aumentar los tiempos de descanso de cada potrero y así incrementar la tasa de secuestro de carbono.
Además del respaldo económico, los productores reciben otros beneficios que incluyen educación para el desarrollo de herramientas en manejo holístico por parte de la Escuela de Regeneración y mentoreo por técnicos especialistas, monitoreo anual del ciclo del agua, el ciclo de los nutrientes, el ciclo de la energía y la dinámica de la comunidades vegetales, suelo, biodiversidad y la infiltración de agua, así como acompañamiento durante toda la implementación del proyecto para asegurar la correcta instalación de alambrados, aguadas y un plan de pastoreo adecuado a la carga del campo y la zona.
“Estamos concentrados en darles asistencia a los productores en el manejo de pastizales, los asistimos para que puedan aplicar al programa, realizar un proceso de planificación del pastoreo, en la evaluación de recursos, muestras de suelo, evaluación de recursos y en planificar los descansos de la tierra, y en todo el soporte que necesita el productor para trabajar en estos programas”, explicó Sturzenbaum a LA NACION, quien asignó al ingeniero agrónomo Jerónimo Castro para seguir el proyecto de La Tapera.
En el evento de presentación que se llevó adelante en un galpón de La Tapera fueron mostrando cómo la rotación de potreros apunta a cuidar el suelo y permitir la regeneración de pastizales. Para ello la principal inversión es subdividir el campo en potreros por donde irá rotando el ganado y a través del descanso a los potreros, y la inversión en mejorar las aguadas, se dará tiempo a la naturaleza para que se regeneren los suelos. “Al dividirlo en campos más chicos, nos permite hace rotaciones con la hacienda y dar así descanso prolongado, y no tener todo el año la presión de la oveja comiendo, es dar un uso más racional y consciente al recurso”, precisó Ilarragorri.
El proyecto dura tres años y se planificó por semestres; a finales de 2024 recibieron la primera inversión de la preventa de los créditos de carbono que les permitió avanzar en el alambrado de kilómetros de campo. Como objetivo principal del plan se plantearon aumentar la producción y crear reservas de agua a partir de nuevas perforaciones con bombas solares y reservorios en tanques plásticos, distribuir el agua a partir de acueductos por gravedad, dividir los cuadros y diseñar células de pastoreos de corta duración y largos tiempos de descanso.
Mariano y Cintia y sus dos hijos, Santino y Francisco, viajan con frecuencia los 180 km que separan a La Tapera de Río Gallegos, y hoy contagian optimismo. Reconocen que pasaron tiempos muy difíciles, entre la sequía y la gran nevada del 2024, pero el haberse sumado al POA les devolvió el optimismo.
“Teníamos una sensación de mucho dolor, cuando caminábamos acá en una vega y el pasto hacía ruido de lo seco que estaba y la tierra rajada de seca y nos dolía mucho. Hoy nos impacta ver una posibilidad, de que esto funcione”, dijo Cintia. A su lado, su esposo asiente: “Es la sensación de que no estás solo, que tenés gente que quiere lo mismo y, si bien hay un negocio alrededor de esto, hay un fin en común que es muy bueno”.
Tanto en la charla con LA NACION como en su presentación como caso testigo que hicieron ante los productores, Cintia y Mariano, quienes apenas pasan los 40 años, dejaron en claro que la continuidad del campo también depende, además de los suelos, de contagiar a la camada de jóvenes que viene detrás. “Uno pretende dejar un campo que siga teniendo vida para alguien más, uno está de paso y queremos dejar un campo productivo, nadie dice que todo es fácil, ningún ámbito lo es, pero sí requiere de nosotros también mostrar lo que tiene de bueno. Tiene muchas cosas buenas, intangibles como el carbono, pero muchas cosas buenas y este trabajo una proactividad que te invita; hace que esos espacios se empiecen a crear”, expresó Alvado.
Mariano invitó a más productores a que se animen a buscar alternativas para sus campos: “Nosotros contamos nuestra experiencia con el POA, cada uno conoce su campo, su realidad, así que yo les propongo que analicen, pregunten, charlen en equipo y vean lo que pueda ser mejor para su campo”.