Hubo un tiempo en que era el reino del choripán y la bondiola. Un desfile de carritos con parrillas humeantes, un rumor de ruedas de bicicleta y pasos sobre la vereda, un aire denso de grasa, humo y río. La postal de los domingos porteños: el río ancho, las luces de la ciudad reflejándose en el agua, los chicos corriendo entre autos estacionados y mesas de chapa que tambaleaban con cada apoyo. Pero Buenos Aires, siempre inquieta, todo lo recicla, lo devora y lo transforma.
Lo que en los 90 fue un ícono de la noche porteña con Pizza Banana y Rodizio, lo que décadas atrás fue territorio de mesas improvisadas y sándwiches con chimichurri, hoy es un circuito gastronómico de autor, un rincón gourmet con vista al río. No es que la Costanera Norte haya cambiado de piel, es que aprendió a usar varias al mismo tiempo. La parrilla sigue, pero con manteles bien puestos; los carritos quedaron, pero ahora también hay espacios cuidados que sirven ceviche y coctelería de autor.
La transformación no es casual. En los últimos años, la ciudad apostó fuerte a recuperar el borde del río como espacio de disfrute, y con ello llegó una ola de aperturas que reconfiguraron la oferta. Lo último en sumarse a esta metamorfosis es un puñado de restaurantes que elevan la experiencia sin perder el espíritu relajado del lugar. Un bar de playa urbana, una coctelería con el sello de Inés de los Santos, un rincón de alta cocina peruana y un santuario para los amantes de la carne.
No es solo que haya nuevos restaurantes en la Costanera, es que hay una nueva Costanera: la gastronomía dejó de ser una excusa y se convirtió en el atractivo principal. Ya no es solo el paseo de domingo de los porteños, sino un polo que invita a quedarse, a sentarse frente al río y probar, descubrir, sorprenderse. Porque si algo nos enseñó Buenos Aires es que la historia nunca se detiene, solo cambia de plato.
Malloy’s: un bar con espíritu de mar, pero sin olasSi la Costanera alguna vez fue una playa para los porteños sin mar, Malloy’s lo entendió y lo aprovechó. Con mesas de madera rústica, guirnaldas de luces cálidas y un menú que huele a vacaciones, este bar busca trasladar la experiencia de un chiringuito playero al borde del Río de la Plata. Su carta apuesta por la simpleza bien lograda: hamburguesas de autor, tacos de pescado y cócteles refrescantes que acompañan la vista.
El ambiente de Malloy’s es inconfundible. Un lugar donde el tiempo se dilata entre rondas de gin tonic y charlas, con el viento del río sumándose al bullicio de las conversaciones. Desde su apertura, consolidó su posición como uno de los puntos más atractivos de la nueva Costanera.
La propuesta gastronómica es variada, combinando cocina internacional con opciones locales. Desde rolls tradicionales hasta carnes a la parrilla, pasando por platos vegetarianos y para niños. Destacan las Rabas a la romana ($17.400), Mollejas de corazón a la parrilla ($16.000), y el Saltimbocca de pollo relleno de provoleta ($26.900). Para los más exquisitos, su ojo de bife ($32.500) y el salmón a la parrilla ($36.900) son imperdibles. Además, ofrecen opciones de pastas como los Tortellinis en masa de sepia ($20.900), y deliciosos postres como la Tarta Franui ($13.400).
Malloy’s está abierto de miércoles a domingos, de 12:00 a 2:00 am, y se encuentra en Punta Carrasco, frente a Aeroparque. Reservas: 11-7067-9920. IG: @malloys.costaneraCosta 7070: cócteles que cuentan historiasLa coctelería dejó de ser una moda para convertirse en un lenguaje propio. En Costa 7070, ese idioma lo habla con fluidez Inés de los Santos, una de las bartenders más reconocidas del país. Aquí, los tragos no son meros acompañamientos, sino protagonistas de la experiencia. El bar es una catedral del hedonismo líquido, con una barra que ilumina la noche y tragos que fusionan técnicas modernas con ingredientes locales.
Acá, los cócteles son más que acompañamientos, son protagonistas de la velada. Ofrecen combinaciones refrescantes como el Spritz Da Costa (bitter Aperol, cordial de limón y ananá con Chandon Extra Brut) y el Sbagliato Menorca (bitter Campari, Cantieri Desierto, cordial de manzana y sidra Pulku dulce), pensados para disfrutar sin apresurarse.
En cuanto a la gastronomía, el chef Pedro Bargero ofrece platos mediterráneos con toques porteños. Las paellas son el gran atractivo, con versiones como la de mariscos ($77.000) o la de ojo de bife ($73.000). También destacan las ostras frescas patagónicas ($11.400) y las croquetas de jamón crudo ($11.000).
La carta se compone de tapas y platos principales ideales para compartir. Además de las mencionadas paellas, no te podés perder el pulpo tierno en salsa de pimiento rojo ($9.000) y las ribs de pacú ($9.000). En la barra, Inés de los Santos sorprende con tragos creativos como el Negroni del Barco ($17.000) y el Spritz da Costa ($17.000). Para el final, la torta vasca de dulce de leche ($15.000) es una opción obligada.
Costa 7070 está ubicado en la Costanera Norte. Martes a jueves de 19 a 00 h (cocina) y de 19 a 02 h (bar); viernes y sábados de 19 a 01 h (cocina) y de 19 a 03 h (bar). IG: @costa7070.baTigre Morado: fusión peruana con el toque del ríoLa cocina peruana ha calado hondo en Buenos Aires, pero en Tigre Morado el desafío fue llevar la fusión nikkei al borde del río con nivel. Este restaurante ofrece ceviches frescos, tiraditos y anticuchos, todo con un toque moderno pero respetando la tradición peruana.
Platos como el Aji de Gallina ($9.500) y el Chaufa Chaufa ($10.500) son clásicos imperdibles, mientras que el Lomito Saltado ($11.200) y el Pulpo a la plancha ($13.800) no pueden faltar.Además de los clásicos platos peruanos, el menú incluye opciones para compartir como el Roll Batakiiro ($14.500), que combina langostinos en batayaki y palta, o el pan morado al vapor con chicharrón de mariscos ($8.500).
Además de su excelente oferta gastronómica, el restaurante se caracteriza por su ambientación, pensada para hacer viajar a los comensales hasta Perú, con una propuesta que juega con los sentidos a través de la música, la vegetación y hasta aromas exclusivos. La variedad de platos y bebidas es una constante invitación a disfrutar de la tradición peruana con un giro contemporáneo.
Tigre Morado. Lunes, martes y miércoles, de 19 al cierre. De jueves a domingo, de 12 al cierre. IG: @tigre_moradoFabric Dragón Blanco: omakase frente al ríoEn el caso de Fabric Dragón Blanco, la propuesta es mucho más que un restaurante: es una experiencia inmersiva. A la entrada, un imponente dragón de más de 20 metros, hecho por artistas argentinos, da la bienvenida a los comensales, convirtiéndose en una de las imágenes más fotografiadas del lugar. Este restaurante fusiona sabores de Asia y América, usando el fuego como herramienta para transformar ingredientes de primera calidad.
La barra de sushi es uno de los puntos destacados, donde los comensales pueden disfrutar de una experiencia omakase, dejando que los itamaes lleven a cabo su arte culinario. También se pueden degustar platos como el Katsu Sando o el Siu Mai Dumpling, mientras que entre los postres, la cookie tibia con chips de chocolate y helado de crema americana, rodeada de toppings, es la opción más popular.
Entre los platos más destacados se encuentran los Tiraditos de pescado fresco ($12.000), los Rolls de atún picante ($15.800), y el Ceviche nikkei ($11.500). Además, su menú incluye una selección de sushi artesanal y cócteles innovadores.
Con capacidad para 180 personas, el restaurante cuenta con espacios privados y una opción al aire libre, ideal para disfrutar de la vista al río mientras se degusta un plato. La decoración y el ambiente del lugar buscan mezclar la tradición asiática con toques modernos y elegantes.
Fabric Sushi. Lunes, martes y miércoles, de 19 al cierre. De jueves a domingo, de 12 al cierre. IG: @fabricsushi