Jorge Pereyra Díaz, exjugador de Lanús, Independiente y Ferro, atiende a LA NACION desde Bangalore, al sur de la República de la India. Oriundo de La Rioja, el delantero, de 34 años, maneja su auto en medio del tumultuoso tránsito del país asiático, donde los sentidos de mano y contramano parecen bastantes difusos. “¡Ay, casi choco! Bancame”, explicó el entrevistado, quien frenó de golpe ante un zigzag imprevisto de una moto que se cambió de carril.
La estadía de Pereyra Díaz en la India comenzó en 2021. Kerala Blasters, Mumbai City y Bengaluru, su actual club, es el derrotero de este trotamundo, quien también dejó su huella en Malasia, México, Chile, Bolivia y otros países.
“Me encantó este nuevo desafío. Acá son todos hindúes, la ciudad es un quilombo y a mí me gusta vivir en el quilombo. Me considero un poco loco. Estoy en un país donde la mayoría son indios, hay pocos extranjeros y no hablan en inglés”, remarcó el experimentado delantero que surgió de Ferrocarril Oeste.
Dentro de las particularidades que existen en la India, Pereyra Díaz remarcó una que, hasta el día de hoy, lo tiene muy sorprendido: “Me encanta este país porque un indio del sur no se puede comunicar con un indio del norte y la razón es que tienen diferentes culturas, religiones e idiomas. Eso me pone como loco. Los indios del sur son los morenos que vemos en los videos y los del norte son más chinos debido a la cercanía geográfica con Nepal y Bangladesh. Lo curioso es que son indios, pero entre ellos no se comunican. Son del mismo país, pero no tienen el mismo idioma, es algo que me sorprende”.
Jorge Pereyra Díaz mostró cómo es el tránsito en la IndiaEsquivando pozos y motos a la vuelta del entrenamiento con el Bengaluru, su actual club, el tercero con más títulos en la Superliga India –la cual nació hace 12 años-, el riojano explicó contó cómo es su vida en una nación donde no existe el efectivo en la calle y solamente se puede pagar mediante plataformas digitales con Rupias Indias, la moneda oficial.
“Vivir en India es muy barato para todos los extranjeros. Con mi familia –compuesta por su esposa y tres hijos- no vamos mucho al supermercado y utilizamos diferentes aplicaciones de delivery que te traen desde un pollo hasta un brócoli. Acá el pago es todo electrónico tanto para las compras, el Uber, el Tuc Tuc”, indicó el delantero, quien, en el último término, se refirió a la moto taxi, un vehículo que predomina en las calles de este país inmensamente poblado.
Cada relato del futbolista se entremezcla con los diferentes paisajes de la India, un país que tiene al cricket como deporte principal. “Acá el fútbol tiene un nivel medio, tirando a bajo, por ende, los entrenamientos son iguales. Solamente pueden jugar cuatro extranjeros por equipo y los indios terminan marcando el ritmo de los partidos que son super aburridos. Si estás en la tribuna te dan ganas de irte porque el ritmo es cortado, lento, sumado a los árbitros que son malos, aunque se torna competitivo porque el nivel, en general, es competitivo porque todos los equipos son iguales”, remarcó.
El ingrato recuerdo de la inseguridad en la Argentina y la puerta abierta para regresar a Ferro“El fútbol argentino es el más competitivo y difícil de jugar. Después es tu trabajo y uno va donde le paguen más. En Uruguay o Chile pagan más que en Argentina”, explicó Pereyra Díaz, quien integró el plantel de Lanús que se coronó en la Copa Sudamericana 2013.
Tras su vuelta al país en 2018, luego de un paso por el Johor de Malasia, quedó sorprendido por la inseguridad de la Argentina, lo cual se contrastaba con su pasar en el continente asiático, donde, según él, los habitantes viven seguros.
“Vuelvo de Malasia, donde no se vive muy bien; tienen un pasar normal, pero la seguridad en estos lugares es increíble. Recuerdo estar en Buenos Aires y que mi hijo de tres años no pueda jugar tranquilo en la calle, que me pregunte por qué el edificio tiene seguridad, eso me hace dudar mucho de volver al país”, dijo.
Y agregó: “El fútbol argentino me encanta, entrenás a full, jugás Copa Sudamericana, Libertadores, pero la vida es otra cosa. Yo quiero vivir tranquilo y no estresado. En los seis meses que estuve en Independiente, vi cómo en Avellaneda robaban autos delante mío y uno tiene que estar pendiente todo el tiempo de la seguridad”.
La conversación se entrecorta en medio del caos vehicular. Las bocinas contaminan el ambiente sonoro y Pereyra Díaz sube la ventanilla de su auto para seguir la charla. En pareja con Mile, con quien tuvo tres hijos llamados Lautaro (11), Santino (7) e Ignacio (3), su futuro parecería estar en India, donde firmó un contrato hasta diciembre de este año, con la posibilidad de extender un año más.
“Tengo pensado seguir en la India por tres años más. Es más: si podría retirarme acá, lo haría. Hoy estamos contentos en el país donde vivimos, respetamos a la gente y si bien hay algunas cositas que nos chocan, hay que aceptarlas”, remarcó el atacante de 34 años que, a pesar de este sentir, dejó abierta la puerta para volver a Ferro, el lugar donde se inició profesionalmente y jugó 89 partidos desde 2009 a 2013.
“A mí me tira volver a Ferro. Hablé con mi agente durante el último mercado de pases y mi intención es volver en actividad, no cuando esté por retirarme”, sintetizó el futbolista.
A base de goles y buenos rendimientos, Jorge Pereyra Díaz se ganó un nombre en la India. Como parte de ese combo, lanzó una fuerte crítica a quienes descreen de los esfuerzos denodados de los futbolistas para asentarse en un país lejano con el único fin de ganar un bienestar para los suyos.
“La vida del futbolista es sacrificada. Se conoce muy poco lo que realmente hace una persona para jugar al fútbol profesional; no es que está de joda toda la semana y el finde jugamos un ‘partidito’. Acá en India tengo mi rutina y mis tiempos para estar con la familia. Me encantaría estar con mis amigos, salir al cine o tomarme una cerveza, pero todo este esfuerzo es por el bienestar de mi familia”, cerró sobre el mundo de la pelota que un día te pone en una situación límite en Avellaneda y, en un abrir y cerrar de ojos, te deposita en un país donde sus propios habitantes no comparten el mismo idioma.